Lo que en español quiere decir “Oh, qué bonito es Panamá!”, es un cuento de Janosch para niños y desde que lo leí hace como 18 años, había querido conocer Panamá. Trata de un tigre y un oso que viven junto a un río, por el cual llega un día un guacal vacío donde miran la leyenda “Panamá” y tiene un delicioso olor a bananas. De allí, uno convence al otro de que deben ir a Panmá porque debe ser el mejor lugar del mundo. En el camino les pasan muchas cosas hasta que finalmente, llegan de nuevo a su antiguo hogar que está muy diferente de como lo dejaron y ni siquiera lo reconocen. Creen que llegaron a Panamá, les parece maravilloso y reconstruyen su vida allí. La moraleja creo que queda clara con el resumen.
Bueno, ése es el cuento, pero ahora les voy a contar algo de realidad que tal vez no es tan bonita, depende de cómo y cuánto tiempo la veas. Yo creo que para mí ya fueron demasiados días aquí.
Panama City es una Cd de contrastes: Tienes un centro turístico de primera como el Causeway Amador (que para los panameños es el “Caso Amador”) junto a uno de los barrios más pobres y feos de la Cd que es “El chorrillo”, tiene un lado 100% gringo y otro demasiado latino, el Casco Antiguo de la Cd. es otro ejemplo de diferencias tremendas entre una casa y la de junto. Cuando Nacho suba las fotos que tomamos, les quedará más claro este punto.
La gente también reproduce este patrón: puede ser muy amable, pero a la vez empalagosa, necia y negativa dando servicio. Tras unos días uno termina harto de decirles que NO! o de rogarle a un taxista que por favor te lleve a un lugar sin cuestionarte arduamente por qué quieres ir allí y no a lo que él te recomienda. Después de que les haces caso 2 veces te das cuenta de que es para cobrarte más, todos tratan de hacerte tonto de alguna forma y empieza uno a andar medio a la defensiva. Los primeros días (seguramente porque estaba Nacho conmigo), me daba igual, pero poco a poco cansa. Además, es un país muy machista y nacionalista y yo a leguas soy mujer y extranjera, entonces imaginen lo que es discutir con esos tipos, qué cosa!
Por otro lado, me ha dejado una impresión negativa también que salir a la calle sola, hasta en los barrios más nice, es como para llevar cebatana cargada a full y soplar como metralleta para que te dejen de hostigar!
Nacho y yo concluimos que por más que Ruben Blades le eche ganas a la promoción, este lugar no está tan preparado como podría para recibir turismo porque se queda uno con una impresión rara. Yo recomiendo que si alguien piensa venir pronto, se informe hasta el cansancio y pregunte todos los tips a quien ya lo vivió. Con todos los viajes sirve hacer eso, pero en este caso es básico!
Obvio han habido cosas muy padres también, pero hoy no las puedo contar porque ya me harté, tengo que verlo con distancia…
Update:
Bueno, me di cuenta que fui un poco cruel con mis comentarios porque hoy fue el colmo de colmos, pero mejor ver el lado bueno y les voy contando anécdotas chidas mientras me tomo una cerveza Balboa y me como un sancocho panameño con ñame, lo que es igual a sopa de pollo con tubérculos extraños: uno se se ve como un mega garbanzo, pero la consistencia es de papa muy harinosa y el otro es como camote blanco y es fibroso.
Voy a dejar que Nacho les cuente las cosas que vimos juntos, así que mi relato emezará con un experiencia de ayer martes que trabajé toda la mañana y a la “hora del almuerzo” tomé un taxi al Parque Natural Metropolitano. Es una reserva natural selvática donde trazaron 5 caminos para hacer diferentes actividades. Yo fui feliz paseando por la selva suficientemente civilizada, pero a la vez conservada tal cual es. No pude llegar suficientemente temprano para ver todos los animales, pero igual no se los hubiera podido enseñar porque la cámara que traigo no tiene mucho zoom. Lo que sí es que aprendí algunas cosas que mejor les cuento mañana porque estoy exahusta!